miércoles, 16 de mayo de 2018

Cultura gringa

Aparte de la esperada magnificencia de los paisajes, tecnología, espacios y construcciones, dos elementos quedaron en mis reflexiones, luego de mi primera visita a los Estados Unidos.

El primero fue la cultura de respeto a las leyes, así sea la más básica, cosa evidenciada en un cruce de peatones de una pequeña ciudad del sur, donde la gente esperaba pacientemente la señal del semáforo para atravesar la calle, aunque no había un tan solo vehículo circulando en cien metros a la redonda.

En cambio, el segundo es menos admirable. En casi todos los espacios turísticos hay áreas donde los organizadores te toman varias fotos, digamos “oficiales”, las cuales tienes la opción de adquirir al finalizar la visita. El detalle está en que, cuando vas a preguntar, te encuentras con que… ¡ya están listas e impresas en gran tamaño! Y si por último no las compras, no hay problema: simplemente las destruyen y asunto arreglado, no importa el despilfarro de recursos.

Y de lo demás... sólo diré que los pollos imperiales son más cholotones, pues aumenté una libra por día durante mi estancia.

miércoles, 18 de abril de 2018

Con estilo y entereza

Este es el equipo con que competimos en el X Certamen Intercolegial de Debate, que la Escuela Superior de Economía y Negocios organiza desde hace una década. Nuestra participación concluyó luego de la tercera ronda (cuartos de final), cumpliendo con los objetivos educativos con los que se diseñó la actividad.

Estoy orgulloso de sus integrantes, cuyo desempeño fue tan bueno como el realizado por los equipos de 2015, 2016 y 2017.

Desde el principio sabíamos que -en un torneo de eliminación directa, con sistema de copa y sorteando los números iniciales- no necesariamente sería hasta en la final cuando enfrentaríamos al rival más fuerte. Así, en la tercera ronda del torneo (aunque la puntuación global de los jueces nos otorgó nota de 9.1 y la votación final fue ajustadísima), no se nos concedió el pase.

Aceptamos el resultado y reconocemos la calidad del rival; sin embargo, esta entrada faltaría a la verdad si no dejase plasmada la siguiente reflexión.

Está claro que cada equipo diseña su estrategia dentro de lo permitido por las reglas; sin embargo, también es cierto que ningún reglamento en el mundo puede cubrir absolutamente todas las zonas del terreno de juego, por lo que siempre existe un margen para emplear ciertos recursos tácticos discutibles: lo que unos ven como astucia o viveza, otros lo ven como descaro, y quizá nunca habrá un acuerdo en este punto.

Al final del día, lo que sí podemos hacer es optar por competir con entereza... y esa es nuestra mayor satisfacción.

#FairPlay

domingo, 1 de abril de 2018

Hablando con mormones

El viernes santo a media tarde, un par de jóvenes norteamericanos, predicadores de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (LDS Church), tocaron a la puerta.

Habitualmente no recibo a nadie que venga a hacer proselitismo con manifiestas o veladas intenciones de convertirme, pero esta vez hice una excepción por un motivo que (he de admitir) puede parecer bastante utilitario: la oportunidad de conversar en inglés con hablantes nativos, pues me interesa desarrollar mi comprensión y fluidez expresiva en ese idioma.

Para prevenir cualquier malentendido, de entrada les expresé mi intención idiomática, al tiempo que procuré dejarles claro in a polite manner que, si bien podía escuchar con atención lo que iban a decirme, mis opiniones acerca de la divinidad y las religiones no eran casuales y estaban ya bastante formadas, por lo que era mejor que no tuvieran expectativas de avanzar conmigo en su misión.

Ambos de nombre Elder (que no son los de la foto pero lucían como si lo fueran, y que tampoco es nombre sino algo como un título) se voltearon a ver y, tras un instante de debate silencioso, accedieron a las condiciones planteadas.

Como primer punto, me invitaron a unirme a una breve plegaria, propuesta que rechacé gentilmente arguyendo el siguiente motivo: al ser ese un momento sagrado para ellos, yo consideraría deshonesto pretender que comparto esa creencia únicamente por parecer cortés; sin embargo, yo guardaría un silencio respetuoso mientras ellos oraban.

Entrando ya en materia, me preguntaron si sabía o había escuchado algo de los mormones, a lo cual respondí que sí, creyendo recordar un episodio de The Simpsons al respecto, pero una breve investigación posterior me aclaró esa confusión temporal, pues el que yo había visto es el capítulo “All about the mormons?”, de la teleserie South Park (temporada 7, episodio 12, noviembre de 2003).

Allí se cuenta (de manera un tanto satírica, por decir lo menos) la historia de Joseph Smith, fundador de los mormones. Quizá la referencia no sea la más erudita, pero hay algo al final de ese episodio me siempre me llamó mucho la atención, en palabras de Gary, el chico mormón que allí aparece:

The truth is, I don't care if Joseph Smith made it all up, because what the church teaches now is loving your family, being nice and helping people.

"La verdad, no me importa si José Smith se inventó todo, pues lo que la iglesia enseña hoy es a amar a la familia, a ser buena persona y a ayudar a los demás."

Esa idea fue recurrente en la conversación que se prolongó por tres cuartos de hora. Me contaron con bastante reverencia y devoción la historia de Joseph Smith y en todo momento enfatizaron que Jesucristo es nuestro padre y nos ama, pero yo siempre volví al punto clave: que lo importante no son tanto las creencias sobrenaturales de las personas, sino lo que las personas hacen a partir de sus creencias (o increencias).

La plática siempre fue en el marco del respeto mutuo y, como era de esperar, me ofrecieron como obsequio un ejemplar de El Libro del Mormón, oferta que decliné de la manera más cortés que supe, pues seguramente ese libro estaría en mejores manos que las mías; no obstante, les di mi palabra de que, por curiosidad, leería algunos pasajes en línea.

En este punto me recomendaron que, si iba a buscar algo en internet, mejor fuera al sitio oficial de los mormones; también me indicaron que al día siguiente iba a haber una transmisión de un evento importante, que me comprometí a ver.

Se marcharon de la misma manera en que llegaron: orando y reiterando sus invitaciones.

Por mi parte, cumplí mi palabra y revisé los materiales sugeridos. Luego de un par de días de investigación, lectura y escucha, la imagen mostrada por los mormones me parece en sintonía con el concepto de ciudadano occidental políticamente correcto, en una línea moderadamente conservadora.

Sin embargo, mi opinión general sobre ellos queda en la misma línea de lo que pienso de las demás religiones en general: se preocupan demasiado por las creencias sobrenaturales, cuando lo que de verdad importa son las acciones cotidianas. Por eso, sigo pensando que si una religión (sea esa o cualquier otra) les impulsa a ser mejores personas (tolerantes, solidarias, dispuestas al cambio positivo), qué bien; pero si es al contrario, vade retro.

domingo, 11 de marzo de 2018

Una propuesta osada para el FMLN

¿Qué le diría usted a un boxeador que, amoratado por la soberana paliza que le acaban de propinar en el cuadrilátero, en la misma rueda de prensa (una hora después del último trompón) pide la revancha para dentro de un mes?

Algo así ocurre con el FMLN, que pasó de recibir casi 850 mil votos en 2015 a unos 475 mil en 2018 (es decir, un 44 % menos). Una caída tan dramática no es casual, sino producto de la acumulación de muchos factores que resultaron en la pérdida de confianza que llevó a 375 mil electores a dar la espalda al fracasado proyecto revolucionario.

Muchos análisis de las causas de la debacle se han publicado (uno de los más completos, el de Ricardo Vaquerano en la Revista Factum), por lo que el presente artículo de opinión no pretende ser otro más, sino plantear una propuesta bastante osada para que el FMLN recupere la confianza de la población y sea, a mediano plazo, una alternativa viable para abanderar las reivindicaciones sociales.

Ante todo, el desplome del partido de izquierda debe verse como una verdadera tragedia para quienes han dedicado la mayor parte de su vida a la lucha revolucionaria. Desde una perspectiva psicológica, es similar a la pérdida de un ser querido; de ahí las manifestaciones típicas de las primeras etapas del duelo (aquellas que formuló la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross), tales como la negación y la ira.

En efecto, no es de otro modo como hay que entender las expresiones de amargura de veteranos dirigentes repartiendo culpas entre todas las entidades e instituciones imaginables: la oligarquía, la Fiscalía, los poderes fácticos, la Sala de lo Constitucional, la sección de Probidad de la CSJ, los grandes medios, los empleados/as públicos (en términos de “esos hijos de puta”), etc.; amenazando con volver a la lucha de calle para superar la insignificancia legislativa que se les viene por los próximos tres años. En estas lamentables declaraciones, la analogía suprema la dio un diputado que citó el pasaje bíblico de Jesús y Barrabás, comparándose a sí mismo con el Redentor.

Pasados algunos días, se han conocido otras expresiones más mesuradas (como la declaración de Gerson Martínez), que parecen estar en la tercera etapa del duelo: engañarse con una ficticia negociación, tipo “si en menos de un año cambiamos y corregimos, la gente volverá a creer en nosotros”.

No muchas voces se han expresado desde la cuarta etapa, la depresión, aunque seguramente existe en varios/as militantes de corazón: la casi certeza de que el Frente llegará irremediablemente a la mínima expresión de los otrora partidos grandes (PCN y PDC), con el dolor que conlleva saber que han perdido su vida en un proyecto que se reveló inoperante para realizar lo que tanto anhelaron.

Así, la única forma de superar esta pérdida es llegar a la etapa final, la aceptación, tras la cual es posible replantearse las cosas con serenidad y sabiduría… y continuar con renovada esperanza.

Y sin embargo… llegar a eso no es sencillo.

El FMLN debe tener claro que ni ellos ni ninguna otra institución pueden hacer ese proceso de transformación interna de manera efectiva en un tiempo tan corto como el que falta para la próxima elección presidencial.

Querer “ya” la revancha es ir a otra derrota anunciada, que puede ser aún peor considerando el factor mesiánico de Bukele. Ciertamente, no es descabellado pensar que el FMLN podría ver la segunda vuelta presidencial de 2019 por televisión.

Hay quienes creen que lo urgente para el Frente es pasar página y abocarse a la campaña presidencial, haciendo (por pura necesidad de maquillaje) algunos cambios superficiales; sin embargo, lo verdaderamente importante es repensarse, actualizarse y refundarse.

El FMLN necesita una completa reingeniería, que pasa por temas tan difíciles la jubilación de su anciana dirigencia, acostumbrada al verticalismo jerárquico, así como su dogmatismo ideológico, que lo mantiene anclado en los años setenta.

Lo grave es que, habiendo hecho tantas cosas mal durante tanto tiempo, no hay ahora mismo a quién o quiénes pasarles la estafeta para dar un relevo generacional justo y necesario, que sea percibido como algo realmente diferente a lo visto en el pasado.

Por lo anteriormente expresado, el FMLN debería abstenerse de participar en la elección presidencial de 2019, para iniciar un genuino proceso de renovación y reestructuración, proyectándose hacia las legislativas y municipales de 2021 (y a más largo plazo, las presidenciales de 2024).

Esto le permitiría enfocar tiempo, recursos y energías a un trabajo institucional que le permitiría aterrizar aquí y ahora, en El Salvador del siglo XXI, y garantizar su futuro político en las próximas décadas.

Volviendo a la analogía del principio: si aquel boxeador quiere tener opciones reales de ganar la próxima pelea a su feroz oponente, debe hacer las cosas de manera muy distinta, comenzando por un análisis objetivo de fortalezas y debilidades, cambiar de entrenador, actualizar sus métodos de trabajo y, sobre todo, darse el tiempo suficiente para que estos cambios produzcan efectos reales.

Suena lógico, ¿no? El único problema es que ese boxeador es conocido por ser tan, pero tan necio...

domingo, 25 de febrero de 2018

Tres argumentos para ir a votar

Artículo publicado en El Diario de Hoy (25 de febrero de 2018, página 20).

Encuestas recientes coinciden en reflejar un significativo porcentaje de personas que no están interesadas en ejercer el sufragio el próximo 4 de marzo, ya sea porque desconfían del proceso electoral o porque consideran que los partidos políticos existentes no representan a la ciudadanía, pues trabajan solo para sus propios intereses.

Muchas voces se han expresado en el mismo sentido, llamando a manifestar tal descontento y frustración a través de la abstención o la anulación del voto, exponiendo razones que parecen tener sentido.

Sin embargo, analizando con más cuidado hallaremos que el camino de la autoexclusión electoral es inadecuado e inconveniente. Preferencias o antipatías partidarias aparte, hay al menos tres argumentos para participar positivamente en estas elecciones.

Primero: votar masivamente reduce el poder del voto duro.

El así llamado “voto duro” de los partidos políticos es fundamentalmente dañino para el país. Esta ciega adhesión incondicional se muestra indolente e indulgente ante prácticas corruptas y antiéticas, pues siempre está allí para endosar cuantos cheques en blanco hagan falta.

Así, mientras más personas fuera del rebaño político le den la espalda al evento electoral, más fuerza relativa adquiere este voto fanático y, en consecuencia, los actuales institutos políticos seguirán sabiendo que no necesitan transformarse para convertirse en mejores representantes de la ciudadanía.

El voto consecuente de la población es premio o castigo necesario; en cambio, la abstención o la anulación es no más que enmudecer y aceptar implícitamente el statu quo.

Segundo: votar racionalmente depura las instituciones.

El voto bien informado debería convertirse en un voto pragmático, racional, cambiando funcionarios/as municipales o legislativos que no han cumplido con sus responsabilidades y dándole la oportunidad a otros que tengan mejores perfiles y propuestas.

Y aun cuando la oferta política actual no sea demasiado alentadora (especialmente en cuanto a diputados/as), tampoco es cierto que “todos los candidatos son iguales”, pues las generalizaciones suelen ser engañosas.

En el caso de la elección legislativa, el voto por rostro es una forma efectiva de distinguir y seleccionar la oferta, pero para que este funcione bien es necesario que la gente esté mucho más atenta a las trayectorias personales, las acciones realizadas y las propuestas presentadas por los candidatos/as.

Tercero: a los políticos los mueve el voto, no la indiferencia.

Creer que la abstención o la anulación del voto es un poderoso grito de protesta que hará temblar los cimientos de la partidocracia es, cuando menos, ingenuo. Incluso si los votos nulos fueren más que los válidos, el gran “logro” sería repetir las elecciones… con los mismos candidatos.

La realidad es esta: en cada municipio, de una u otra manera siempre se elegirá un alcalde o alcaldesa, y a la Asamblea Legislativa invariablemente llegarán 84 diputados. El número es excesivo, sí, pero mientras no se reforme la Constitución no habrá menos de ellos como consecuencia de no votar. Ya que esto será así, es mejor tener alguna incidencia que ninguna en la selección de tales funcionarios.

Si le quiere mandar un mensaje a la clase política, tenga claro que el único lenguaje que posiblemente entiendan es el voto positivo en una u otra dirección específica. Las abstenciones y votos nulos, más allá de las coloquiales y pintorescas frases que en las papeletas puedan escribirse, a nadie le quitan el sueño.

Dicho lo anterior, recordemos que el solo voto no basta para transformar el sistema político: hacen falta muchas más acciones que exijan eficiencia, honestidad y rendición de cuentas a los funcionarios públicos. El voto es la manera más elemental de incidir en la vida política, pero si nos desentendemos de él, no cabe la posibilidad de pensar siquiera en otras formas de participación más activas.